En un país normal, la propiedad privada es sagrada, y las fuerzas del orden están para protegerla. Pero España no es un país normal, o al menos hay algunos que no lo conceptúan como tal.
Es lo que ocurrió hace cosa de un mes en
Palma de Mallorca. La policía recibió una llamada de una mujer, que decía que
alguien estaba intentando entrar en su vivienda trepando por la fachada.
Cuando los agentes se presentaron en la casa,
comprobaron que la mujer les había dicho la verdad y nada más que la verdad…
pero no toda la verdad. Porque ellos eran unos vivales que habían
ocupado la vivienda, y el presunto intruso era el legítimo propietario del
inmueble.
Al final se impuso la lógica, y los delincuentes acabaron entre rejas.

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