En este volumen de la serie, Burroughs emplea otra variación frecuente de las civilizaciones perdidas. En efecto, si en el anterior nos encontrábamos con un grupo de cruzados que llevaban cosa de un milenio aislados del resto del mundo, en este nos encontramos con dos ciudades estado romanas que llevan en el valle en que se encuentran desde los tiempos de Nerva, es decir, casi dos milenios.
Por lo demás, se repiten las constantes de la
serie: un blanco bueno encuentra la civilización perdida, cae prendado (y
viceversa) de una nativa del lugar, se ve metido en medio de un juego de poder
y al final llega Tarzán y contribuye a solucionar el entuerto.
A señalar que el final de esta novela me
resulta un poco abierto: Erich von Harben no dice que no vaya a regresar con
Tarzán a la civilización (al mundo moderno, se entiende), pero está enamorado
perdidamente de Favonia, y ella de él. Regresar con su padre supondría
abandonarla, lo cual nunca ocurre en este tipo de historias.

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