En un cierto sector de la opinión pública prendió la teoría de que, frente al golpe de Estado de los secesionistas y la complicidad del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer (con todos, o la mayoría, de los resortes de poder del Estado en sus manos), sería Europa la que nos sacaría las castañas del fuego.
No del todo. Quien nos está sacando las
castañas del fuego, o al menos evitando que se quemen, es la Justicia (la de
verdad, no ese engendro en el que devino casi desde su nacimiento el por algo
apodado Tribunal Prostitucional… que, dicho sea de paso, no es ni nunca ha sido
parte del poder judicial), la de aquí y la del otro lado de los Pirineos.
Y a principios de este mes, los que creemos
en España, en el Estado de Derecho y en el imperio de la Ley tuvimos la pequeña
satisfacción de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos -que no está relacionado
con la Unión Europea, sino con el Consejo de Europa- había rechazado sendos recursos de Laura Borrás y Chistorra.
Ninguno de los recursos estaba relacionado con el golpe en sí, pero la satisfacción del desaire no nos la quita nadie.

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