Argentina fue, durante la segunda mitad del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI, un país de infinitas posibilidades, malbaratadas todas por una clase política populista y cleptocrática.
Tan mal estaba la cosa, que sólo un loco
osaría pensar en cambiarla. Y allí que llegó el Loco Milei, un político
tan histriónico como poco convencional, que llamó a las cosas por su nombre y a
los izquierdosos de todo menos bonitos.
Y aunque ha tenido algunas meteduras de pata,
algunos deslices y algunos colaboradores mal escogidos, parece que está
haciendo las cosas razonablemente bien, al menos en el campo de la macroeconomía.
Entre otras cosas, durante su mandato la
producción diaria de barriles de petróleo se ha incrementado en un treinta y
cinco por ciento, rebasando los novecientos mil y superando en producción a Colombia.
Al paso que vamos, lo de comprar a un argentino por lo que realmente vale y venderlo por lo que dice que vale dejará de ser tan buen negocio. No del todo, claro, porque el ego de los paisanos de Gardel es casi ilimitado.

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