Hay una película de Richard Donner, Conspiración, interpretada por Mel Gibson, Julia Roberts y Patrick Stewart, en la que el protagonista es un taxista de Nueva York obsesionado con las teorías conspirativas.
Aparentemente, el personaje está algo chalado
(Mel Gibson era perfecto para el papel, además de ser amiguete de Donner).
Pero, conforme avanza la película, se va descubriendo que puede que no esté tan
equivocado (no voy a hacer espóiler para los que no la hayan visto), y que
quizá sí que hay una mano negra que mueve algunos hilos.
En el mundo real hay gente que sabe, de buena
tinta, ciertas cosas: que hay una élite de poderosos que maneja los destinos
del mundo, detrás y por encima de los gobiernos; que los extraterrestres han
llegado a la Tierra, pero que los gobiernos no quieren que se sepa; que hubo
una conspiración para asesinar a John F. Kennedy (y otra a Diana de Gales); que
el hombre nunca ha llegado a la Luna, sino que todo se trató de una filmación
en la que podría haber estado implicado Stanley Kubrik (aquí, una digresión: si
Neil Armstrong fue la primera persona en pisar nuestro satélite, ¿quién
demonios le estaba filmando cuando salió del módulo de alunizaje); que los
servicios secretos estadounidenses conocían con anticipación los atentados del
11-S (o incluso que estuvieron detrás de los mismos); que Hitler no murió en el
búnker de Berlín, sino que huyó a Sudamérica; y tantos otros.
Y claro, la duda que se me plantea es si a
todos los que creen en estas cosas (como los terraplanistas, en otro orden de
cosas) les patina una neurona… o si saben realmente más que nosotros.
La verdad es que la cosa asusta.

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