No, no voy a hablar de la película de Berlanga (película que no he visto). Ojalá. Para no perder las buenas costumbres, hablaré de política.
Mientras el cerco judicial sobre el entorno
familiar próximo del psicópata de la Moncloa se va estrechando, las reacciones
de este entorno prueban -aunque quizá haya un sesgo de confirmación por mi
parte- que son más culpables que el pecado, porque dichas reacciones no parecen
seguir una pauta coherente, sino que unas veces se excusan pretextando una cosa
y otras alegando otra. Aunque, por otra parte, esto es de lo más socialista,
decir una cosa y la contraria o, en expresión de Sin Vocales, cambiar de
opinión.
Por un lado, en el caso en que es objeto de
investigación la conducta de la pareja del presidente del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, el juez ordenó el registro del domicilio y una empresa de Juan Carlos Barrabés, profesor del máster que
dirigía Gómez en la Universidad Complutense de Madrid, y quien, según varias de
las acusaciones se habría beneficiado de sus gestiones para la adjudicación de
contratos públicos (fango, bulos, insidias, calumnias… ya sabéis).
Por otra, la defensa del teledirector de
orquesta ha pasado del es ocioso contestar, a no considerar criticable penalmente el incumplimiento de horarios. Pero, con ser esto cierto (cae más bien en el ámbito del Derecho laboral), si no los cumplía, era que su trabajo no
era necesario. Es decir, que el puesto era inventado.
Lo que en mi pueblo se viene llamando un enchufe.
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