En el saber popular hay varias expresiones que retratan la misma realidad: ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio es una; dime de qué presumes y te diré de qué careces es otra; y habló de putas la ‘Tacones’ es una que quizá no sea tan conocida, salvo en algunos círculos que frecuenta un servidor.
Todo se reduce a que, cuando alguien
sobreactúa en su indignación, es muy probable que los motivos no radiquen tanto
en el objeto de la crítica como en quien la emite. Tomemos el caso de dos
presentadores de televisión, Jorge Évole (conocido como el Follonero) e
Iker Jiménez.
Los dos empezaron en programas que podríamos
llamar de entretenimiento: el charnego -del que Wikipedia dice que estudió
la carrera de Comunicación Audiovisual, pero no que la aprobara, a
diferencia del vasco, que dice que es licenciado en Ciendias de la Información-,
como guionista y humorista (es un decir) de los programas de Andrés Buenafuente,
otro que tal baila; el segundo, como director y presentador de un programa que
trata temas como la criminología, la Historia, la arqueología, la astronomía,
la Medicina, la Física o la Psicología, pero también la parapsicología y la
ufología.
Mientras que el primero se ha dedicado a
entrevistar terroristas y a pasarle la mano por el chepa (por no decir lamerle
el orto) al psicópata de la Moncloa y sus secuaces, el segundo se dedica a
indagar en la corrupción que rodea -o en la que chapotea, o que mana de- al
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer. Lo que, para
el charnego, equivale a intoxicar.
A ver si lo que le pasa es que tiene una sobredosis de envidia que no puede con ella…

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