Con independencia de que me caiga bien o mal (que me cae bien, a lo mejor porque nunca me lo he cruzado personalmente), hay una cosa que respeto en Arturo Pérez-Reverte.
Esa cosa es que reparte estopa a diestro y
siniestro, a tirios y a troyanos, sin pararse en barras ni preocuparse de la
corrección política. Naturalmente, eso le acarrea no pocos detractores en las
redes sociales. Lo malo para esos detractores es que están tan por debajo del
nivel del detractado que suelen ir por lana y salir trasquilados (muy
trasquilados).
En el caso de los invasores de Ceuta, y ante
la pregunta de un usuario de Twitter, declaró que utilizar la palabra migrante
en estos casos es una absoluta gilipollez. Claro, que él se refería a la
alternativa entre el término gilipollesco, inmigrante y emigrante.
Pero se quedó tan a gusto, y el usuario también. Y a mí me ha dado para escribir una entrada y generar una imagen.
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