Con independencia de los (presuntos) casos de corrupción que puedan afectar a otras formaciones políticas, cualquiera que dedique cinco minutos a leer este blog verá que me centro, casi exclusivamente, en los relativos al partido de la mano y el capullo.
Podría decir que ello es así porque el blog
es mío, soy de derechas y critico a quien me sale de las narices. Es cierto,
aunque poco defendible en un foro de razones objetivas. También podría decir
que es porque es el partido que rige los destinos de España desde 2.018, y que
por eso lo que le afecte a él tiene más repercusión en el conjunto de la
sociedad. Una razón con menos peso (para mi), pero mucho más presentable.
A lo que iba. Cada vez que ha salido un caso,
el itinerario ha sido siempre el mismo: negar la mayor, conceder que quizá
sepan de quien están hablando, admitir unos pocos contactos, reconocer un tato
frecuente y de confianza y, finalmente, alguien tira de la manta y pone las
cartas sobre la mesa.
Es lo que ha pasado con la cloaquera jefe (por
delegación, ya sabemos quién está al frente de todo), de la que las secretarias
de la formación han declarado en sede judicial que utilizaba la sede del partido como aparcamiento, dejaba allí el coche y se iba a otra parte.
Para ser una doña Nadie, hay que ver qué trato de preferencia…

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