Después de todas las veces que les han pillado en un renuncio, no sé cómo los políticos misteriosamente enriquecidos cuando abandonan la cosa pública no buscan una ocupación que no sea la de asesores.
Porque ya es tradición que los informes que
pergeñan no pasen de un par de folios tan mal escritos que podrían haber sido
elaborados por un crío de primaria (de los de ahora; los de mi época tenían más
nivel). Ahora, además, se han convertido en un corta-y-pega elaborado
por alguna inteligencia artificial; se ve que la natural no les da para más.
Pero una muestra más evidente de la relevancia
de las labores del bobo solemne es que la Unidad de Delincuencia
Económica y Fiscal ha detectado que sus informes ni siquiera eran enviados a los clientes.
A lo mejor es por eso que a los clientes les salían las cosas tan a pedir de boca.

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