Una de las cosas más repelentes de los secesionistas de la barretina es pretender que todos sigan sus postulados en toda ocasión y lugar.
Es lo que ocurrió hace unas semanas en un
partido entre el Europa, equipo catalán, y el Jaén (equipo andaluz, por si
hiciera falta aclararlo). El partido terminó con un rifirrafe entre uno de los
jugadores catalanes y un miembro del equipo técnico jiennense, que lució una
bandera de España atada a la cintura para celebrar la victoria a domicilio por
cero goles a tres.
Algo que no gustó ni a la afición ni a la plantilla catalana. Probablemente, porque la rojigualda desentonaba en un campo abarrotado de esa hija bastarda de los colores de Aragón y la bandera cubana.

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