En España, cuando un político tiene un roce con la Justicia, la reacción de la izquierda es muy diferente según cuál sea la afiliación ideológica del político.
Inciso: recordad, niños, que este blog está
escrito por alguien que se declara de derechas sin complejos. Si queréis leer
algo que sacuda a los de derechas, mejor os vais a alguno de los panfletos
izquierdosos o veis los programas de Televisión Espantosa, Rosa María Mateo
dixit. Fin del inciso.
Si el político es de izquierdas, es por
principio inocente. Digan lo que digan los estatutos del partido, no se pedirá
desde la izquierda su dimisión porque eso supondría criminalizarle. Cualquier cosa
que pueda reforzar la apariencia de culpabilidad será un bulo, una mentira, una
invención de la máquina del fango. Y, si finalmente resultara condenado, ya
vendrá Golpe Pumpido a echarle un capote. Y, sobre todo, un simple
levantamiento de cejas será considerado como una asunción de responsabilidades
que saldaría la cuenta.
Si el político, en cambio, es de derechas, es
por definición culpable. Nunca debería haber ocupado el puesto, para el que,
por supuesto, no estaba cualificado. Apenas cinco segundos después de que la Justicia
haga acto de presencia, deberá dimitir, vestir sayal, echarse ceniza sobre la
cabeza y flagelarse. Y si, por un casual, fuera declarado inocente, ello se deberá
a que el poder judicial es un reducto de fascistas con resabios franquistas que
no han sabido adaptarse a los tiempos que corren.
Pero, a pesar de lo aherrojados que el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer cree tener todos los resortes del poder, a veces te llevas sorpresas, como el hecho de que la fiscalía haya rechazado investigar a Mazón, ex presidente popular valenciano, por posibles responsabilidades durante la DANA.

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