Este volumen de La espada de la verdad tiene la novedad de que los personajes principales de la saga, Richard y Kahlan, no hacen acto de presencia prácticamente durante el primer noventa por ciento de la novela.
Goodkind presenta además a dos medio hermanos
de Richard, que de ser hijo único va camino de convertirse en miembro de familia
numerosa. Estos dos nuevos Rahl son personajes bastante simples, a pesar de
toda la voz interior (chiste fácil, pero tendrás que leer la novela para
pillarle la gracia, si la tiene) que el autor les da. son también opuestos
entre sí: una es buena hasta rozar la candidez, mientras que el otro es
presentado con unos rasgos tales (entre los que se incluye su infantilismo) que
se te hace antipático desde el minuto uno.
Conforme avanza la saga me pregunto si
Goodkind tenía las líneas generales pensadas desde un principio o bien se le
fueron ocurriendo por el camino. Aunque la calidad literaria no es para tirar
cohetes (tiende más bien a lo efectista y truculento, pero con una cierta mojigatería
que hace que en algunos aspectos, sobre todo los de índole sexual, no alcance
los mismos niveles de crudeza que en los de simple violencia), hay que alabarle
la imaginación y la creación de algunos conceptos verdaderamente originales,
como el que da título a este volumen.
Un par de detalles finales sobre la
traducción. Con carácter general, se ha venido traduciendo Darken Rahl como
Rahl el Oscuro: si bien es innegable que el comienzo de la palabra Darken
remite a dark, que significa oscuro en español, se trata de un
nombre propio, no de un sobrenombre.
Por otra parte, hay varios errores de
traducción y de edición en la novela; entre ellos, usar varias veces la
expresión a cuatro gatas, en lugar de a cuatro patas.

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