Lo malo de excitar el fundamentalismo es que corres el riesgo de no dar la medida adecuada y, o bien pasarte, o bien quedarte corto.
Tomemos el caso del psicópata de la Moncloa,
que de siempre ha presumido de su cercanía con sus perros, casi desde que
cambió el colchón de la Moncloa. Pues bien, hace unas semanas apareció en un video
de TikTok jugando con ellas, diciendo que son una pasada y que podría pasar
toda la tarde lanzándoles la pelota.
Y allá que fueron los animatontos, denunciando
la incoherencia de tal comportamiento con el hecho de que fue el partido
de la mano y el capullo el que dejó fuera de la Ley de Bienestar Animal a los
perros de caza, trabajo y otras actividades específicas.
Habría que preguntar a las residentes caninas del Palacio de la Moncloa, a ver qué piensan.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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