Para ser un presidente moderno y actual, al tanto de las últimas tendencias, el psicópata de la Moncloa tiene un grave problema con tecnologías que mis sobrinas preadolescentes dominan bastante mejor que él.
Para empezar, permitió un robado de los datos
contenidos en su teléfono móvil. Robado que, según las malas lenguas, contenía materias
comprometedoras que acabaron cayendo en manos de los servicios de espionaje
marroquíes, lo que explicaría mucho del extraño giro efectuado por el
desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer en relación con
nuestra anterior política exterior.
Y ahora resulta que no pudo atender dos
llamadas que le hizo su homólogo alemán porque el teléfono de Su Sanchidad no se encontraba operativo, al cambiar periódicamente de número por razones de
seguridad.
Y va y se le olvida decirlo a una de las pocas personas que quiere hablar con él y que no es un terrorista, un dictador o un fundamentalista religioso.

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