Un totalitarista es alguien que pretende imponer a los demás lo que tienen que pensar. En este sentido, la llamada ideología woke es totalitarista.
Y lo es porque persigue establecer qué es y
que no es correcto. Vale, de acuerdo, la mayoría de las religiones hacen lo
mismo, pero las consecuencias de la incorrección quedan limitadas al
plano espiritual (excepto quizá en el caso del Islam que, con su mentalidad
medieval, a la mínima te condenan a muerte por un quítame allá esos pecados).
Y así, están empeñados en que a los
aficionados al fútbol les tiene que gustar el femenino al menos en la misma
medida que el masculino. Y no es así. Si hace días veíamos que nadie pujaba por
los derechos televisivos de la liga femenina española, ahora nos encontramos
que cuando se incluye entre los partidos de la quiniela algunos de esa
competición, la recaudación cae casi en un treinta por ciento.
Y lo mismo ocurre con la asistencia a los estadios, que cada vez es más reducida.

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