En su afán por salvar de la quema a algunos miembros del desgobierno socialcomunista, hay miembros de la judicatura que llegan a hacer el ridículo de formas verdaderamente inverosímiles.
Es
el caso del juzgado de instrucción número 31 de Madrid, que archivó las querellas
contra el ministro de Entorpecimiento por encontrarse con la número
dos de la dictadura venezolana en el aeropuerto de Barajas. La denuncia venía
motivada porque la susodicha tiene prohibida la entrada en territorio de la Unión
Europea, y el archivo porque, según el citado órgano judicial -léase: según su
titular-, la zona de tránsito internacional de un aeropuerto no es territorio nacional.
Tras
esto vino la decisión del Tribunal Supremo, que dio una de cal y otra de arena.
Por un lado admite que la venezolana entró en territorio español, pero archiva la causa contra Ábalos porque el incumplimiento de las decisiones de política
exterior de la Unión Europea está sometido a control político, no a
responsabilidad penal.
Lástima… porque, lo que es dimitir, no va a hacerlo, eso seguro.
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