Cuando a uno le adornan cualidades, capacidades y aptitudes, cabe dentro de lo posible que, en limpia competencia, obtenga aquello que persigue.
Cuando alguien riega de millones a algo o a
alguien, puede ser por dos razones: por pura bondad de corazón, o por interés
de que, en el futuro, le devuelvan el favor.
Dicho esto, no sé los demás, pero yo tengo
bastante claro el motivo de que, desde que el psicópata de la Moncloa preside
el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, España haya ingresado casi noventa millones de euros en el chiringuito internacional que pretende
que presida la tucán de Fene.
Por otra parte, hace ocho años casi nadie,
más allá del Eo o del Miño, tenía ni idea de quién era Yoli Tenacillas, por
lo que todo puede ser una afortunada casualidad.
Afortunada para ella, claro.

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