Cuando alguien dice la verdad, no necesita cambiar de opinión. De hecho, no cambia de opinión porque lo que afirma es cierto.
Ojo, que no estoy diciendo que todos los que
cambian de opinión mienten. Pero es innegable que el cambiar de opinión, el decir
primero una cosa y luego otra, el sostener primero que Juana y después que su
hermana, restan credibilidad a quien así se comporta.
Y eso es lo que pasa con el caso de la actriz Elisa Mouliáa, que demandó al becario ubicuo por una agresión sexual. Vaya por delante que yo la creo, aunque admito un sesgo de confirmación en contra de cualquier neocom. Pero el haber esperado tanto tiempo para presentar la denuncia (aunque supongo que el trauma debe jugar un papel), el haber hecho declaraciones cuando menos pintorescas, el decir que retira la denuncia para señalar luego que sigue con la misma… en fin, todo eso hace dudar, cuando menos, de la inteligencia de la actriz. O de su cordura.
Claro, que después de intimar con semejante especimen, es entendible.

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