sábado, 21 de febrero de 2026

Choque de trenes

El feminazismo se caracteriza por varios elementos definitorios: los hombres son, por naturaleza, malos, salvo que sean de izquierdas; las mujeres siempre dicen la verdad, sobre todo si son de izquierdas; y, por lo tanto, no existen las denuncias falsas en caso de violencia contra la mujer, si ésta ha sido presuntamente ejercida por un hombre.

El problema se suscita cuando estos postulados chocan entre sí. Tomemos el caso de la actriz Elisa Mouliaá (cuyo nombre, dicho sea de paso, me era conocido desde hace años), que denunció al becario ubicuo por abuso sexual. Si decía la verdad -cosa indudable, pues es una mujer, y además actriz, ergo de izquierdas-, el susodicho era culpable… en cuyo caso un varón de izquierdas habría cometido esa clase de actos que sólo perpetran los miembros de la derecha más cavernaria y retrógrada.

Si resulta que, como buen izquierdista, no cometió tales actos, resultaría que se habría producido un imposible ontológico: una denuncia falsa en esta materia, algo que, según el propio acusado, no existía.

Así las cosas, no es de extrañar que la actriz retirara la acusación, desolada porque ninguna otra mujer hubiera dado el paso de denunciar. Nada galante -la caballerosidad es una cosa de derechas, a lo que parece-, el acusado mantuvo su querella contra la acusadora por calumnias.

Y mientras, el abogado de la acusación se queda compuesto y sin denuncia, con la lógica indignación por la conducta unilateral, impulsiva y no responsable de su clienta.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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