Hubo una época, no tan lejana, en la que las descalificaciones en política tenían un cierto nivel, una cierta gracia; que evidenciaban una mínima inteligencia y un mínimo ingenio en quien las pronunciaba.
Ahora, especialmente en la izquierda, se tira
del comentario grueso, del chiste -por llamarle de alguna manera- fácil, de la
metáfora ramplona. De hecho, son tan estúpidos de que no se dan cuenta de que
se están pegando un tiro en el pie.
Porque cuando la portavoz de la mano y el
capullo graba, tras las elecciones regionales en Aragón, un video en el que
llama gremlins a Vox, queriendo decir que ha sido el PP quien los ha criado
y quienes han sido perjudicados, no parece percatarse de que -como Mitterrand
con el Frente Nacional hace cuatro décadas- ha sido su partido el que ha cebado
a la extrema derecha, y que ha sido su partido el perjudicado.
Veremos cómo está España a mitad del siglo XXI… si es que sigue estando.

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