La indocta egabrense ya dijo hace tiempo que el dinero público no es de nadie. Como casi cada vez que uno de la mano y el capullo abre la boca, mentía.
Pero el desgobierno socialcomunista sigue
funcionando bajo esa premisa. Y tan pronto promete una prestación universal por
crianza de doscientos euros por cada hijo menor de edad (tampoco es que
vaya a gastarse demasiado, dada la baja tasa de natalidad en España) como se
gasta dieciocho mil ochocientos sesenta y seis millones de euros en pagar el ingreso mínimo vital a más de tres millones de subsidiados.
Los españoles cada vez más pobres y los sociatas cada vez más ricos. Robin Hood, al revés.

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