Tradicionalmente, el partido de la mano y el capullo ha tenido una concepción patrimonialista del Estado: lo ocupan sistemáticamente, lo confunden con el partido y lo usan según sus propios y particulares.
En esto, el psicópata de la Moncloa -como he
señalado innumerables veces, y volveré a hacer incontables veces más- no es sino
una edición corregida y aumentada de sus predecesores. Nada lo ilustra mejor
que su retórica pregunta televisada sobre de quién dependía la Fiscalía General
del Estado, y el pues eso que se contestó a sí mismo y que convirtió a
la cabeza del Ministerio Público en el fiscal particular del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.
En los múltiples negocios turbios y
trapicheos en los que se encuentra chapoteando judicialmente el entorno de Su
Sanchidad -todavía no está demasiado claro quién manda y quién obedece-, la Agencia
Tributaria no se mostraba muy proclive a personarse contra zETAp cuando afloró
el asunto de las joyas: sea su adquisición legítima (o mejora, o libre
disposición… chiste de juristas) o dudosa, el hecho incontrovertible es que no
las declaró a Hacienda, por lo que ha cometido una infracción fiscal.
Y claro, si se personó en el caso Koldo contra el empresario y soplón Víctor de Aldama, en similares circunstancias (aunque sin joyones), tanto más tendrían que hacerlo contra el bobo solemne por las comisiones facturadas a través de sus sociedades por el faro moral de la izquierda.

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