El gremio de los giliprogres tiene tan larga la lengua como fina la piel, todo ello acompañado de una dureza de rostro que hacen que el diamante parezca gelatina.
Interpelada por un periodista negro, una tal
Ana Pardo de Vera -que por lo visto es periodista… en este país casi cualquiera
puede serlo- le quitó el micrófono, lo arrojó al suelo y llamó gorila a ese periodista. La susodicha niega haber
pronunciado el insulto, pero si lo hubiera dicho, afirma, no sería racista
porque ella no tiene la cabeza del un racista, al contrario de la
persona que se sintió insultada. Es más, cuando ella llama gorila a alguien no es con ánimo de insultar, puesto que es animalista.
Así las cosas, y puesto que soy tolkiendili y comparto los postulados que Kiril Yeskov expone en El último anillo, si yo la llamo orco, o trasgo, tampoco sería un insulto, ¿no?
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