Si
para algo está sirviendo la pandemia del Covid-19 (basta ya de llamarle coronavirus,
que es lo mismo que decir bacteria) es para demostrar de qué pasta está
hecha la clase política. Los buenos… pero, sobre todo, los malos.
Para
empezar, ahora se ha sabido que el Gobierno ocultó que Begoña Gómez dio positivo el Miércoles 11. Sin embargo, no comunicó su infección hasta cuarenta
y ocho horas después de haber aislado a la mujer de Pedro Sánchez en el
complejo de la Moncloa.
Esto
tendría una explicación -permitir a Sin vocales no tener que guardar
cuarentena y poder acudir al Consejo de Ministros- y, a su vez, explicaría por
qué no le importó tener a su vera a Junior, escapado él mismo de una
cuarentena en Villa Tinaja. Al fin y al cabo, tenía al enemigo en su propio
dormitorio.
Por
otra parte, los golpistas catalanes continúan demostrando que lo único que les
importa no es precisamente los intereses de ese pueblo al que dicen
representar, sino conservar su mezquina parcelita de poder (exactamente igual
que socialistas y comunistas). Chistorra, sublevándose contra el
Gobierno -algo en lo que él y sus conmilitones ya tienen una cierta experiencia,
todo sea dicho-, ha anunciado que seguirá tomando medidas por su cuenta -otra
cosa es que alguien le haga caso, especialmente después de dar también él positivo-
y ha ordenado un paro de país.
Ante
esto, fue Madgadita Dobles la que conminó al supremacista catalán a abandonar la vida pública si no acata las órdenes del Gobierno en el estado de
alarma. Craso error: dado que todos los cuerpos y fuerzas de seguridad del
Estado han quedado bajo la autoridad del Ministro del Interior, debería haber
sido éste el que, en ejercicio de esa autoridad, ordenara detener y poner entre
rejas al susodicho.
Y
como esa gente -me refiero a los golpistas- no pierden ocasión de demostrar qué
estercolero tienen por entrañas, una tal Clara Ponsatí, que por lo visto fue
algo en el consejo de gobierno regional que presidió Cocomocho, ha hecho
una gracia a propósito del impacto de la pandemia en la Villa y Corte,
diciendo que de Madrid, al cielo.
Pues
por mí, como si se va al infierno.
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