No sé exactamente quiénes, pero llevan tanto tiempo riéndoles las gracias a los secesionistas catalanes que ya se creen con licencia para reírse de lo que les venga en gana.
Hace un par de semanas se emitió
en la televisión pública catalana una parodia de la Virgen del Rocío y de la religión católica, parodia que en un país laico podría llegar a considerarse no
sacrílega o blasfema, pero desde luego sí irrespetuosa, y que provocó una
cierta oleada de indignación.
No es precisamente la Blanca
Paloma una de las advocaciones marianas que más me agradan -fundamentalmente,
por todo el sarao que se monta con la romería-, pero menos me agrada que se
haga mofa, befa y escarnio de mi religión. Y claro, como les respaldan los poderes
fácticos de la región, cuando el presidente de la comunidad autónoma andaluza
les pide disculpas, los cómicos se envalentonaron y le dijeron que podía esperar sentado.
Pero luego son los que critican la pésima dicción de Petisú Montero los que se mofan del acento andaluz.
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