Abundando en la entrada anterior -aunque escriba con casi un mes de retraso, los acontecimientos se produjeron en el orden en el que se produjeron-, la tesis del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer fue que la invasión de Ceuta fue algo espontáneo, imprevisible.
Pero la realidad es testaruda. Y la realidad
es que la policía ha demostrado que se emitieron ocho alertas antes, durante y después de la invasión de Ceuta. Si no se hizo caso a esas alertas -y vuelvo a
conectar con la entrada anterior- fue por inepcia o por maldad.
En el primer caso, los responsables deberían haber sido cesados. En el segundo, enviados a prisión.

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