Creo que fue Groucho Marx quien dijo que los políticos existen para aportar soluciones a problemas que no existirían de no ser por los políticos. Y si no fue él, merecería serlo.
Estoy seguro de que soy yo quien dice que los
políticos y los hombres del tiempo son las dos únicas profesiones a las que se
paga por vaticinar algo que quizá suceda o quizá no. En el caso de los
políticos, y más si son del partido de la mano y el capullo, uno puede estar
seguro de que aquello que prometen nunca ocurrirá (y aquello que prometen que
nunca ocurrirá acaecerá más pronto que tarde).
Tomemos el caso del psicópata de la Moncloa y
sus promesas sobre construcción de vivienda pública. Si tan solo una fracción
de las que lleva prometido se hubiera edificado, no habría suelo urbanizable
bastante en España (es una hipérbole, claro, pero se me entiende).
Como esa promesa ya no se la cree nadie, a
comienzos de mes el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de
padecer, en un nuevo afán por paliar tan acuciante y grave problema, lanzó un
portal para informar del parque público estatal de vivienda.
Muy bien, muy bonito… salvo por el hecho de
que esta plataforma cuenta inicialmente con sólo ochocientas viviendas disponibles, y prevé incorporar próximamente otras mil quinientas repartidas
por toda España. Tan repartidas estarán que se encontrarán donde no sean
necesarias, y donde sean necesarias no se encontrarán. ¿Apostamos algo? Además
de que muchas de ellas ya tienen inquilinos.
Además, los procedimientos en esta plataforma
serán, prometen, ágiles y transparentes. Lo cual, viniendo del ejecutivo
más parsimonioso y opaco de nuestra Historia, es casi un sarcasmo. Como el que
los contratos tengan una duración inicial de catorce años, con posibilidad de
ampliarse hasta los setenta y cinco.
Para entonces, todos calvos.

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