Si la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, la psicopatía es la incapacidad de hacerlo. En ese sentido, el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, empezando por el yerno del proxeneta, que lo preside, y terminando por el último mono con asiento en el banco azul del Congreso, está integrado por psicópatas. Si no de nacimiento, sí vocacionales.
Desde que comenzaron a detentar el poder,
todos y cada uno de ellos han demostrado que nada les importa salvo ellos
mismos. Ni el bienestar común de los españoles, ni el particular de sus propias
formaciones políticas. No, cada uno barre para su casa, mirando sólo para sí.
Les da lo mismo que mueran más de cien mil
personas por su inepcia, su desidia y su sectarismo; no se les da un ardite que
toda España se quede a oscuras por una terquedad ideológica, un prejuicio
sectario, sin constatación científica o empírica.
Y les da lo mismo que el Parlamento Europeo
apruebe un informe recomendando la continuidad de la central nuclear de Almaraz.
Les da lo mismo la importancia estratégica de la instalación para la comarca,
con cuatro mil puestos de trabajo. Les da lo mismo que la energía nuclear sea segura
y estable. Les da lo mismo que ahora defiendan en Europa (potenciar la energía
nuclear) lo que antes combatían.
Porque, en una suerte de esquizofrenia, la Pelos ha declarado que no piensa ayudar al alcalde del municipio en que seencuentra la central, y que es un problema del Gobierno español.

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