Las acciones de un gobierno deberían ir encaminadas a procurar el bien general de los ciudadanos, no el particular de los amiguetes.
Esto es especialmente cierto en el caso de
los gobiernos de izquierdas, que dicen preocuparse por el bienestar de la
gente, de la clase trabajadora, de los más humildes, y no del
de las clases privilegiadas.
Pero claro, aquí lo crucial es el tiempo verbal
empleado: debería es un condicional simple, también llamado potencial.
Es puramente teórico, hipotético, una entelequia. En realidad, todos acaban
barriendo para su casa.
Y en un grupo tan egoísta como el desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, comandado por el psicópata
de la Moncloa, este barrimiento doméstico se demuestra en todas y cada una de
sus actuaciones. Como en el rescate de Air Europa, sobre el que un
antiguo algo cargo de la SEPI reconoció hace casi tres semanas que el gobierno
lo impulsó para evitar su quiebra, por tratarse de una compañía estratégica
para el Estado, a pesar de que representaba apenas tres diezmilésimas partes de
los vuelos nacionales.
Pero es que, según ese alto cargo, a su departamento no le correspondía determinar si una compañía era o no estratégica…

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