La izquierda española nunca ha tenido el menor rebozo en amenazar de muerte en sede parlamentaria a sus oponentes políticos.
Ya Paulino Iglesias anunció que estaban dispuestos a llegar al atentado personal con tal de que Maura no llegara a la presidencia del Gobierno.
Más tarde, Dolores Ibárruri amenazaría de muerte al líder de la oposición, José Calvo-Sotelo, que no mucho después sería asesinado por un guardaespaldas de Indalecio Prieto.
No en sede parlamentaria, pero apresado, juzgado en un simulacro de proceso y fusilado fue José Antonio Primo de Rivera.
MoMiMeMa apuntó con un dedo, simulando una pistola, a Isabel Díaz-Ayuso.
Y hace tres semanas, una parlamentaria regional valenciana de las de la
izquierda exaltada -una más de esas formaciones a la izquierda de los de la
mano y el capullo, que luchan por decir la burrada más grande- se permitió
recordar a Carlos Mazón cómo acabó Rita Barberá.
Anda, que si alguien de derechas se permitiera recordar por qué Luis Companys acabó como acabó, por ejemplo… o Ceaucescu.

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