Este libro -no destripo nada, se revela en las primeras páginas- arranca con un giro argumental interesante: Kahlan ha desaparecido y nadie, excepto Richard, es capaz de recordarla.
Es más, Richard es incapaz de demostrar que
está en lo cierto y así convencer a sus amigos. Todos sin excepción piensan que
ha perdido la cabeza, y que no para de construir mentira tras mentira para
mantener su fantasía.
En un recurso estilístico a alabar, durante
más de dos terceras partes del libro los lectores ignoramos varias cosas: qué
es lo que ha ocurrido, por qué (y por qué Richard la recuerda pero los demás
no) y, sobre todo, donde está Kahlan… que, además, tampoco recuerda quién es. A
efectos prácticos, no existe para nadie, salvo para las causantes de su
desgracia.
Al ser este volumen el primero de la trilogía que, finalmente, cerraría la saga principal de la obra de Goodkind, acaba en un cliffhanger de libro… y perdón por el chiste malo.

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