Pocas cosas hay más lamentables para los de derechas que el ver cómo los partidos de nuestra cuerda ideológica olvidan quiénes son los verdaderos enemigos y se dedican a atizarse entre ellos.
A contrario sensu, pocas cosas nos divierten
más que apartarnos a un lado y ver cómo esos enemigos se despellejan entre sí,
grupo contra grupo o, dentro del mismo grupo, facción contra facción: ierreceos
contra jotaporcatos, epígonos del orate con boina contra asesinos del hacha
y la serpiente, neocom contra cocuquistas (de los paleocom
ya no se acuerda nadie) o las dos patas ideológicas del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.
Y a este último caso responde la trifulca que se montó entre Egolanda y la ninistra de Vivienda (alguien que,
la verdad, no recordaba qué cara tenía ni identificaba por su nombre) a cuenta
del anuncio que el psicópata de la Moncloa hizo de un futuro Decreto Ley que
incluiría una deducción fiscal del cien por cien a los caseros que no suban la
renta a sus inquilinos. Que si las medidas que proponen los cocuquistas son
muy coyunturales (¿sabrá lo que significa?), que si la tucán de Fene se
siente vilipendiada y pide respeto, que si (descojonándose) la
socialista dice que ha sido respetuosa…
El respeto, señoras mías (disculpen si las llamo señoras, pero no las conozco demasiado bien… y no tengo interés en hacerlo), hay que ganárselo.

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