Nunca recuerdo si fue san Agustín (de Hipona) o santo Tomás (de Aquino) quien sostuvo que una ley inicua (injusta) no debe ser obedecida.
Porque hay normas que, aunque elaborada y
aprobadas con todos los requisitos formales, son en realidad malvadas, ilegales.
Y no hay que irse a las leyes racistas de la Alemania nacionalsocialista o de
la Sudáfrica del aparheid. La ley de bajada de pantalones, por otro nombre de
amnistía de los golpistas catalanes, sería un ejemplo mucho más cercano en el
tiempo y en el espacio.
Aunque no fue ninguna de las anteriores la
que me suscitó la inquietud, sino algo mucho más mundano. Y es la normativa relativa
a aquellos vehículos a los que se prohíbe circular por determinadas zonas de
las ciudades en razón de su antigüedad y presunto valor contaminante.
¿No sería esa normativa restrictiva de la libertad de movimiento, un derecho fundamental?

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