Cuando un miembro del partido de la mano y el capullo afirma, serio y contundente, que hará una cosa, puedes estar prácticamente seguro de que lo que llevará a cabo será algo completamente distinto.
En el caso del psicópata de la Moncloa, la
cosa empeora. Cuando promete solemnemente que hará o dejará de hacer tal o cual
cosa, lo que finalmente ocurrirá es que hará lo contrario, lo diametralmente
opuesto.
Por eso, cuando tras el accidente ferroviario
de Adamuz se quejó de los bulos y afirmó Vamos a dar con la verdad.
Cuando se conozca la causa, con absoluta transparencia, lo pondremos en
conocimiento de los ciudadanos, tuve el conocimiento de que tanto él como
el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer y que él
preside intentarían, por todos los medios a su alcance, que no se descubriera
la verdad y perseguirían ocultarla tanto y tan profundamente como les fuera
posible.
Porque probablemente considere un bulo que un ingeniero de caminos apunte a un fallo en la agujas como causa del siniestro. Probablemente estime que se trate de un bulo el que el mismo gobierno admitiera, hace cuatro meses, incidencias en
ese tramo, pero defendiera que era seguro. Probablemente afirme que es un bulo que
España invierta un tercio de lo que hacen Francia o Italia en el mantenimiento de la red ferroviaria… con el agravante de que tenemos tantos kilómetros de
alta velocidad como esos dos países juntos.
Probablemente.

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