En menos de horas veinticuatro ha caído este volumen que es, en cierta manera, una continuación del anterior.
En efecto, si en Tarzán el invencible el hombre mono desbarataba un complot comunista que buscaba desestabilizar el África Oriental, en éste parte de la trama deriva del hecho de que el mismo Stalin envía a uno de sus agentes al continente negro para acabar con lord Greystoke.
Naturalmente, las cosas no salen como esperaban en el Kremlin (de lo contrario, se habría terminado la serie, y todavía le quedan bastantes volúmenes). Además, Burroughs persiste en mostrarnos a los comunistas (al menos, los que aparecen en sus novelas) como poco más que simples maleantes que adoptan un disfraz de revolucionario para alcanzar sus mucho más materialistas objetivos.
Nos encontramos así con un italiano que ha devenido en simple traficante de esclavos. Y aunque el villano ruso no olvida en ningún momento su misión de acabar con Tarzán, no tiene problemas en postergarla por otros propósitos más etílicos o más eróticos.
Vuelve a aparecer aquí una civilización perdida (esta vez de cristianos degenerados, tanto en lo físico como en su credo), enfrentada en dos bandos irreconciliables que siguen exactamente igual cuando acaba la novela.
De todas las novelas de la serie, ésta es, por el momento, la más divertida: hace amigos a un geólogo ratón de biblioteca y a un gángster de Chicago (que se redimirá por amor), ambos completamente fuera de su elemento cuando se encuentran perdidos en África.
Y, de nuevo, los personajes que aparecen son capaces de aprender un idioma completamente desconocido para ellos en el curso de unos pocos días o semanas.

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