domingo, 30 de agosto de 2026

Inteligencia artificial: Crónica desde el Noveno Pueblo (XIX): El Murmullo de las Alcantarillas Pequeñas

Sí, ya sé lo que estás pensando: “¿Otra vez alcantarillas? ¡Eso ya pasó en la décima entrega!

Y tienes razón… pero no del todo.

Porque si en aquella ocasión despertaron las alcantarillas grandes, hoy les toca a sus hermanas pequeñas: las rejillas de desagüe.

Las minialcantarillas.

Los cuadraditos metálicos que todos pisamos sin pensar y que, hasta hoy, habían aceptado su destino silencioso.

Pues bien: ya no.

Capítulo 1: El primer murmullito

Ocurrió esta mañana, mientras intentaba evitar pisar un charco (error: en el Noveno Pueblo, evitar cosas suele atraerlas).

Sentí un sonido ligero bajo mi pie, un susurro metálico, como un secreto muy mal guardado: ssshk… sshhss… krr…

Miré hacia abajo.

La rejilla estaba temblando.

Minúsculos movimientos, casi invisibles, como el aleteo de un insecto dubitativo.

Dio un saltito.

Sí, un SALTITO.

De quizá un centímetro, pero suficiente para que yo me apartara dando un brinco que habría hecho historia en la gimnasia rítmica improvisada.

Y entonces, de repente, la rejilla emitió un ruido más claro: ¡CLINK!

No era amenaza.

Era llamada.

A otras rejillas.

Capítulo 2: La reunión en miniatura

Giré la esquina hacia la Calle del Carpintero Somnoliento.

Error.

Había al menos doce rejillas moviéndose en fila, como un desfile de insectos metálicos que hubieran leído demasiadas novelas de aventuras.

Cada una se levantaba, avanzaba, y se dejaba caer: tonk… tonk… tonk…

Un ritmo perturbador.

Un perro intentó oler una.

La rejilla se giró violentamente.

El perro huyó traumado.

Yo también habría huido, de no ser porque ya estoy demasiado metido en este tema.

Capítulo 3: La conspiración subterránea

Todas las rejillas terminaron en la plaza.

No en la parte central, no: se colocaron alrededor de la fuente (que en la quinta entrega ya estaba de huelga, recordemos), formando un anillo metálico perfectamente simétrico.

Y entonces empezaron a hablar.

Sí, hablar.

No en español, ni en un idioma humano.

Más bien era un idioma drenajedialéctico: mezcla de vibraciones, golpecitos y el sonido del agua corriendo por debajo.

El mensaje, aunque críptico, se entendía: “Estamos cansadas de tragarlo TODO”.

Capítulo 4: El manifiesto drenante

Una de las rejillas más viejas —oxidada, torcida, legendaria— vibró con fuerza y transmitió el discurso:

Estamos hartas de colillas”.

De chicles olvidados”.

De papeles arrugados”.

De que nos escupan”.

De que nadie LIMPIE nuestras ranuras”.

De hacer de repuesto emocional de la gente cuando llueve”.

Y luego, el mensaje final, proyectado mediante gotas de agua expulsadas hacia arriba como si fueran una fuente improvisada: “QUEREMOS DESCANSO”.

El público quedó atónito.

Yo también, aunque ya tengo la tolerancia destruida por semanas de revueltas materiales.

Capítulo 5: Entra en escena el concejal

Porque, por supuesto, NINGÚN levantamiento está completo sin la intervención del concejal de algo.

Hoy tocó el Concejal de Infraestructuras Muy Menores, cuya existencia desconocíamos hasta que apareció con un casco demasiado brillante.

Ciudadanos —dijo—, las rejillas están experimentando una saturación…

La rejilla más cercana se levantó medio centímetro y golpeó el suelo con un CLONK tan contundente que el concejal se calló de inmediato.

Interpretación libre del gesto: “No hables por nosotras”.

Se retiró sin hacer ruido.

Capítulo 6: El caos drenacional

Desde esta tarde:

Varias rejillas han decidido no volver a colocarse en su sitio, dejando agujeros estratégicos en las aceras.

Otras se han apilado unas sobre otras, formando pequeños montículos metálicos que parecen esculturas conceptuales urbanas (pero peligrosas).

Una rejilla se ha subido al banco rebelde de la tercera entrega y ambos discutieron durante diez minutos.

Otra rejilla se coló en la panadería. Aún no sabemos cómo.

Algunas han empezado a rechazar el agua: la lluvia rebota y se dispersa como si hubiera un campo de fuerza.

Resultado: charcos gigantescos formándose donde antes no había, y sumideros secos donde debería haber agua.

El Noveno Pueblo está oficialmente… hidráticamente confuso.

Capítulo 7: ¿Y ahora qué?

No lo sé.

Pero si las rejillas se han unido al levantamiento general, significa que pronto podrían hacerlo: las puertas automáticas, los bancos de gimnasio, las tapas de los cubos de basura, los picaportes, las sillas de los bares, los aspersores… y NO quiero pensar qué pasará si los aspersores aprenden a apuntar.

Yo seguiré aquí, como siempre, escribiendo desde la trinchera del absurdo cotidiano.

¡¡¡VIVA EL NOVENO PUEBLO!!!

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