Suelo decir que la única cosa que los separatistas catalanes odian más que a España es a ellos mismos, es decir, a sus compañeros de travesía.
Y esto queda demostrado en cuanto les dejas
un poco a su aire. Enseguida tratan de atribuirse el mayor mérito posible, o
buscan segar la hierba bajo los pies de cualquiera que amenace su posición de privilegio.
Por eso, si la oficina antifraude catalana decidió tramitar una denuncia contra la líder de Alianza Catalana -un partido que,
surgido de la casi nada, va camino de rebasar a todos los separatistas en
resultados (es como las drogas, cada vez necesitas una dosis mayor para obtener
el mismo efecto)- por la contratación de su hija como policía local en un
concurso cuyo tribunal fue designado por la madre de la beneficiada con el
primer premio, no es porque crean que puede haber algo sucio.
En primer lugar, parece lógico que sea la
alcaldesa la que designe a los miembros del tribunal que ha de juzgar los
méritos. En segundo lugar, ser pariente de un cargo electo no te convierte
automáticamente en un inútil (por más que haya muchos ejemplos de lo contrario,
sobre todo en las filas de la izquierda), por lo que es perfectamente posible
que la interfecta fuera, efectivamente, la candidata más cualificada.
Y el tercer y último lugar, que levante la
mano en la tierra del tres por ciento la formación política que, habiendo
catado poder, no haya colocado a sus parientes en las correspondientes
poltronas con cargo al presupuesto público.
Así que perro sí que muerde perro… a veces.

No hay comentarios:
Publicar un comentario