Durante mucho tiempo, la atención que los sucesivos gobiernos han prestado a Ceuta y Melilla (ciudades españolas mucho antes de que al Sur de Gibraltar hubiera algo remotamente parecido a un Estado) ha sido, cuando menos, mejorable.
Como todo es susceptible de empeorar, la
llegada al poder del psicópata de la Moncloa, al frente del desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer, no ha hecho sino provocar sucesivos
descensos en la calidad y cantidad de dicha atención. Sea ello por un buenismo
mal entendido, sea por pura maldad, sea por chantaje del tirano alauita que conoce
Dios sabe qué secretos de miembros del ejecutivo y su entorno, sea por una combinación
de varios o todos de esos factores, el hecho es que las cosas son las que son.
Y como aquellos polvos traen estos lodos, el
diagnóstico que hacen policías y guardias civiles de la situación en Ceuta tras
la invasión de hace un mes es que es catastrófica, con miles de personas
deambulando y las niñas arrimándose a los miembros de las fuerzas y cuerpos de
seguridad del Estado por miedo a que las violen. Pero oye, según el gobierno,
Marruecos colabora.
Pues menos mal.
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