Cuando los seres humanos comenzaron a vivir en comunidad, hubo necesidad de organizar esa vida en común.
Nació así la administración y, como derivada
indeseada, la burocracia: esa exigencia de trámites, actos, papeleo y fárrago
en general que dilata las cosas hasta el infinito y hace que, cuando la
solución llega al fin, lo hace tan tarde que ya ni es solución ni es nada.
Hay personas que, viendo semejante
sinsentido, intentan ponerle remedio. Pero la burrocracia es inmisericorde,
y no permite que nadie se salga de lo marcado. Y si eres un trabajador del
Servicio Público de Empleo Estatal, y cometes la osadía de atender a
ciudadanos sin cita previa, te castigarán.
Y es que España es así.

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