Un viejo adagio en latín -que no latino, puesto que su origen es medieval- dice que excusatio non petita, accusatio manifesta. O, de una manera mucho más coloquial, podría decirse que el que se pica, ajos come.
Viene esta reflexión a cuento de la sentencia
de la Audiencia Nacional en el pleito que la cantante colombiana Shakira
mantenía con Hacienda, y que ha terminado con el resultado de que la Agencia
Tributaria -es decir, todos los españoles- tendrá que devolver más de cincuenta
y cinco millones de euros a la artista.
Naturalmente, esto no habrá sentado demasiado
bien en el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, por
más que la mayor parte de sus miembros hayan optado por mantener la boca
cerrada.
No ha sido el caso del ninistro de Incultura,
el pijiprogre catalán Ernesto Urtasun, que decidió opinar sobre un tema
que no es de su departamento. Manifestó el cocuquista que autoridades, funcionarios e inspectores de Hacienda cuentan con toda la confianza del
Ejecutivo para hacer las labores que les corresponden.
En general, yo también me fío de los inspectores de Hacienda. De quienes no me fío nada es de quienes les establecen sus directrices de trabajo.

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