Algunas almas cándidas se quejan de la deriva radical del partido de la mano y el capullo y suspiran por la vuelta del otro PSOE, del de antes.
Quienes me conocen, o me leen, saben que esa
no es mi opinión. Que no existe una diferencia entre el PSOE de antes y el de
ahora, salvo en la intensidad. Que desde su estreno parlamentario, hace casi
siglo y cuarto, se ha dedicado sólo a una cosa: aprehender el poder y
detentarlo tanto como sea posible, haciendo lo que sea necesario para ello. Incluso
actuar al margen del ordenamiento jurídico.
En cualquier caso, con los mimbres que hay no
es posible hacer cesta ninguna. Cada generación que sale hace buena a la
anterior. Es el caso del congreso de las juventudes del partido, que tuvo lugar
hace un par de semanas. La organización aprobó una propuesta para salir de laOTAN (si tienen un poco de calma, lo mismo nos echan antes), y la nueva
secretaria general -una joven
de veintisiete años: la juventud está cada vez más devaluada, hay que joderse-
demostró su estulticia galopante en cuanto abrió la boca.
En primer lugar,
acusó a la derecha de ser herederos del franquismo. Vamos a ver, chiquilla, que
los herederos
del franquismo,
como tú los llamas, son los socialistas del cambio de siglo, muchos de ellos
vástagos de cargos del régimen: de la Vicevogue a Cristina Almeida, de Alfonso Guerra a José Bono.
En cuanto a lo de considerarlos pijos de salón, eso es un pleonasmo: por definición, un pijo es de salón.

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