miércoles, 10 de junio de 2026

¿Dónde están los ladrones?

En la película Los chicos del coro, todo el doctrinario pedagógico (por llamarlo de alguna manera) del director del centro donde transcurre la historia se resume en dos palabras: acción, reacción.

Pues bien, este es uno de esos casos en los que la reacción se publicó antes que la acción. Sí, ya sé que, escribiendo y programando estas entradas con dos semanas de adelanto, tendría -tengo, de hecho, entendiendo por el tiempo presente el momento en que estoy redactando esta entrada- tiempo más que de sobra para darle la vuelta al orden de publicación y mantener la coherencia cronológica. En cambio, he preferido mantener la naturalidad y que las entradas salieran como si las escribiera como venía haciendo hasta hace un par de meses, la víspera de ser publicadas. Vamos a ello.

La Hacienda en general, y la española en particular, siempre ha tenido muy mala fama entre los contribuyentes. No porque fueran como Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, sino por comportarse más bien como el sheriff de Nottingham, que robaba a todo el mundo para quedárselo él.

Esta impresión se acentuó con la penúltima y el antepenúltimo titulares de la cartera: respectivamente, Petisú Montero y Drácula Montoro, ávidos absorbedores de cualquier euro que se encontrara en los bolsillos de los sufridos ciudadanos. Ciudadanos que, por miedo o por falta de medios, habitualmente no se enfrentaban a Hacienda.

Pero hay quienes tienen los medios suficientes como para resistir, plantear una batalla judicial… y ganar. Gente como la cantante Shakira, con mal gusto para elegir al padre de sus hijos, pero que ha conseguido que la Audiencia Nacional declare que las sanciones de Hacienda contra ella son contrarias a Derecho, y que ordene la consiguiente devolución a la cantante de cantidades ingresadas.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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