Jamás pensé que llegaría el día en que un servidor fuera a estar de acuerdo con las afirmaciones de una (presunta) delincuente, hija de un proxeneta y esposa de un embustero profesional.
Pero hete aquí que la vida te da sorpresas, y
concuerdo plenamente con una afirmación lanzada por la pareja del psicópata de
la Moncloa. En efecto, Begoña Gómez ha criticado los jurados populares, por
considerarlos no imparciales y estar formados por ciudadanos ajenos a la función jurisdiccional.
Algo en lo que concuerdo plenamente. No me
gusta la figura del jurado en el ordenamiento español, y si me llamaran para
ser parte de alguno alegaría objeción de conciencia. Probablemente los
legisladores constituyentes consideraron que resultaría la mar de progre
y moderno establecerla, pero, como ya he dicho, para mí no pega ni con cola.
Claro que, como en las telenovelas, el idilio
duró poco, porque enseguida la susodicha hizo una afirmación con la que no
puedo estar más en desacuerdo: pidió quedar absuelta por inexistencia
absoluta de indicios, y condenar en costas a las acusaciones.
Como estrategia procesal no está mal… salvo por el hecho insignificante de que, si hay algo que sobra, son precisamente lo que ella llama indicios.
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