Existen dos clases de traidores a la patria: los que lo hacen por intereses materiales y los que lo hacen por idealismo.
Los primeros son unos miserables, sean cuales
sean los sistemas políticos involucrados: dos democracias, dos dictaduras o una
democracia y una dictadura (con independencia de quién sea el pagador).
En el segundo caso, cabe establecer una
distinción (admito la posibilidad de que el que yo viva en una -sedicente-
democracia pueda influir), si una de las dos partes es una dictadura y la otra
una democracia.
Si, viviendo en la dictadura, trabajas para
la democracia, un servidor estaría dispuesto a comprenderlo. Pero si vives en
una democracia y trabajas para una dictadura, y además lo haces gratis et amore,
es que eres tonto de capirote.
Es lo que ha ocurrido con la alcaldesa -durante apenas un trimestre- de Arcadia, en California, que ha estado actuando como agente de la China comunista desde al menos 2.020. Por lo que sea -quizá porque la han pillado con el carrito del helado- se ha declarado culpable, y afronta una posible pena de prisión de diez años.

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