Aun a riesgo de repetirme, citaré aquí un pasaje del discurso con el que el fundador del partido de la mano y el capullo, Paulino Iglesias, se estrenó en las Cortes hace ahora poco menos de siglo y cuarto:
El partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales, a establecer la solidaridad humana, y esta aspiración lleva consigo la supresión del Magistratura, la supresión de la Iglesia , la supresión del Ejército, y la supresión de otras instituciones necesarias para ese régimen de la insolidaridad y antagonismo (...) Es decir, que este partido (...) estará en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad, como han estado todos los partidos, cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones.
Por definición, actuar fuera de la legalidad
es delinquir, y a los delincuentes se les aplica todo el peso de la justicia. Es
más, cuando al menos tres personas se asocian de forma estable o por tiempo
indefinido para cometer delitos. Se habla de organización criminal.
Por eso, la noticia de que el juez Pedraz se plantee imputar al PSOE de Sánchez por organización criminal no es sino el corolario lógico de algo que lleva un siglo anunciándose.

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