domingo, 14 de junio de 2026

Cuestión de infusiones

Europa ha sido el centro del mundo hasta bien entrado el siglo XX. De hecho, los mapamundis, en general, tienen a Europa bastante centrada, en parte (supongo) porque el meridiano de Greenwich pasa por… ahí, por Greenwich.

No era por presión demográfica, puesto que había otras zonas del mundo más densamente pobladas (si hacemos caso a los historiadores rojeras, a América le vino bien que llegáramos los europeos, porque estarían a punto de reventar de tanta gente como decían que había).

Tampoco por avances científicos: las civilizaciones americanas (del río Grande para abajo, claro) tenían las matemáticas y la astronomía bastante desarrolladas. En cuanto a la tecnología aplicada, los chinos nos daban sopas con honda: habían inventado la pólvora, el papel y la imprenta siglos antes que nosotros.

No, lo que nos hizo diferentes y más pujantes era que, por alguna razón, los europeos sentíamos la necesidad de salir a explorar el mundo (quizá siguiendo el mandato de Jesucristo, cuando dijo id y haced discípulos a todos los pueblos. En efecto, el resto de civilizaciones -quizá por incapacidad técnica, como las americanas, o por ego desmedido, como las de Asia oriental- permanecieron aisladas hasta la llegada de los europeos.

Pero era cuestión de tiempo, con la globalización, que el puro músculo demográfico se impusiera. Por eso no me resulta demasiado sorprendente el titular de que El mapa mundial del café da un vuelco: Asia ya produce el 32 por ciento y arrincona a Sudamérica.

De todos modos, a mí me da lo mismo, porque bebo té…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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