Como juez instructor fue nefasto. Como político, irrelevante. Como miembro del poder judicial, una vergüenza para el mismo. Como asesor jurídico de sátrapas bananeros, un mercenario vendido al mejor postor. Como confidente de lo peor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, repugnante. Y como mentiroso, muy malo.
Porque eso de que diga, precisamente tras el
portazo del Supremo, que no le apetece en absoluto volver a ser juez no se lo
traga ni su mujer, que se ha tragado y con gusto sapos mayores que ése, por mucho que ahora gane mucho más dinero de lo que ganaba antes... y esté mucho más delgado también.
Va a ser por eso de que no tiene ganas que lo ha estado intentando hasta la extenuación.

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