Que lo de la corrupción bajo la égida del psicópata de la Moncloa no es una serie de casos aislado, ni siquiera una trama, sino algo consustancial, casi ontológico (signifique eso lo que signifique) al partido de la mano y el capullo y al desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer lo demuestra un solo hecho.
Ese hecho es, parafraseando a Quevedo, que no
hallamos cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la mierda. Todos los
ministerios, a todos los niveles, están pringados por acción o por omisión, por
colaboración necesaria o por negligencia.
Tanto da que sea un ministerio económico
como que no. Es el caso del ninistro Bolardos: la Unidad Central Operativa ha entrado en sus dependencias por la nacionalización del colaborador bolivariano de las cloacas del PSOE.
Valga el pleonasmo.

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