En los niveles de corrupción e iniquidad en los que se mueve cierta gente, completamente ayuna de principios, de moral y de ética, hablar de amistad es imputarles (qué verbo más adecuado) un sentimiento demasiado noble, demasiado elevado, demasiado altruista.
Cabe hablar, más bien, de compinches, de
compañeros en el crimen, de cómplices. Es lo que ocurre con el mamporrero del
psicópata en el Tribunal Constitucional, que antes fue el mamporrero del bobo
solemne en la fiscalía general del Estado, cuando no era tan descaradamente la
fiscalía particular del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de
padecer.
Por eso, cuando leo que Golpe Pumpido está muy afectado y desencajado tras la imputación de su amigo íntimo, el padre de las orcos, en lo único que puedo pensar es en ese refrán castellano que comienza con cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

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